Hacer el trabajo adecuado

¿Sales de la oficina después de haber trabajado durante horas con la sensación de no haber avanzado en tu trabajo y de que tu larga lista de tareas pendientes se multiplica cada día? Tranquilo, no eres el único. ¿Cómo aprender a ser más efectivos?

El primer paso para aprender a hacer el trabajo adecuado es asumir una dolorosa pero al mismo tiempo liberadora verdad implícita en este titular: “Nunca tendrás todo el trabajo hecho”. Esa es la primera clave de la efectividad.

Asumir esto implica tener que elegir, entre la infinidad de tareas por realizar, cuáles son las más importantes, es decir, aprender a priorizar.

La planificación es clave en la efectividad; pero nunca debe ser el primer paso. Antes debemos analizar a través de cuales de nuestras funciones aportamos mayor valor a nuestra organización o puesto laboral. Si tenemos claro cuáles son nuestras tareas clave, aprenderemos a diferenciar lo urgente de lo importante.

Una buena pregunta que siempre debemos hacernos es ¿cuánto tiempo dedico cada día a las tareas verdaderamente importantes?

Planificarnos correctamente implica reservar una buena parte del día para cumplir esas funciones prioritarias y empezar siempre por ellas. Así, pase lo que pase, aunque surjan cien imprevistos, habremos hecho a primera hora el trabajo adecuado.

Llegados a este punto, la pregunta de oro es, ¿cómo cumplo mi planificación?

Lógicamente, no existe una fórmula mágica. Como diría Aristóteles, toda virtud es un hábito. De lo que se trata es de intentar cada día ser un poco mejores e incorporar aquellas rutinas que nos funcionan y eliminando aquellos vicios que nos obstaculizan.

El estrés, las distracciones, la multitarea o la procrastinación son algunos de nuestros principales enemigos.

Pero, como decía Stephen Colvey, “el modo en que vemos el problema es el problema”. La efectividad es, en definitiva, una cuestión de enfoque.

Sin duda, ante el miedo que generan los grandes proyectos, una de las claves es dividir hasta la tarea más nimia cada uno de nuestros proyectos y funciones. Asumir un proyecto global puede generar ansiedad o miedo, pero todos somos capaces de asumir pequeñas tareas: una llamada, un correo o preparar un documento.

Y, sobre todo, no dejar nunca de disfrutar de nuestro trabajo, recordar aquello que más nos apasiona y hacer cuanto antes las tareas más tediosas, estresantes o complicadas.

Como dice la poeta Elvira Sastre, no olvidemos nunca que la “rutina también es vivir todos los días algo inolvidable”.