El reto de la innovación constante

La innovación es un cambio que introduce novedades, es decir se encarga de modificar elementos que ya existen con el fin de mejorarlos o renovarlos.

Por otra lado para poder buscar nuevos conocimientos, soluciones o vías de solución, necesitamos generar nuevas ideas y para ello necesitamos la creatividad que, según la RAE, es aquella capacidad para generar nuevas ideas y ser capaces de comunicarlas y venderlas.

Aquella innovación que conduce a la aparición de productos y servicios que utilizan preferiblemente una estrategia disruptiva, es decir, que produce una ruptura brusca con lo ya establecido con el objetivo de tener una consolidación en un mercado.

El Dilema de la Innovación es un término que ha sido estudiado y creado por Clayton M. Christensen. Este concepto describe un proceso por el cual un producto o servicio comienza inicialmente con aplicaciones sencillas en la base del mercado para luego llegar a lo más alto, consiguiendo desplazar con el tiempo a otros competidores. Sus investigaciones y temas se centran en la gestión de la innovación tecnológica, el desarrollo de capacidades de organización y en encontrar nuevos mercados para las nuevas tecnologías.

Relacionado con este asunto, aparecen las redes de valor que identifican y responden a las necesidades de los clientes, resuelven problemas, reaccionan a competidores y luchan por las ganancias.

Cada empresa forma parte de una “red de productores y mercados” a través de la cual hace y distribuye sus productos.

Proveedores y distribuidores están haciendo y distribuyendo los mismos productos. Por ello, es difícil que una empresa pueda cambiarse a una tecnología disruptiva.

Las empresas que ya están establecidas no ven el desarrollo de las nuevas empresas como una amenaza debido a que los mercados son muy pequeños.

Pero en el momento que los mercados crecen y la tecnología mejora, los consumidores cambian y abandonan su compromiso con la vieja tecnología.

Aceptar la tecnología disruptiva no solo es deseable, sino necesaria para sobrevivir. Las empresas deben ser capaces de responder ante las tecnologías disruptivas, es decir anticiparse a los desarrollos tecnológicos.