Dime que sí

La persuasión es un tema que siempre está a la orden del día en el ámbito profesional.

Actualmente disponemos de una enorme cantidad de información relacionada con la persuasión: las claves para saber persuadir, los principios de la persuasión, las mejores técnicas de persuasión para tener éxito en los negocios, etc.

Muchos afirman que la persuasión es una habilidad vinculada con la manipulación, pero esto no apela a la realidad.

La persuasión se basa en dos grandes habilidades sociales como son la empatía y la inteligencia emocional; una persona persuasiva, por tanto, es capaz de conectar emocionalmente con su interlocutor y decir o hacer algo que cambie su pensamiento.

Asimismo, la persuasión implica ser capaz de influir en las decisiones de otras personas, algo que el marketing tiene la capacidad y la potencia de conseguir.

Se podría decir, por tanto, que la persuasión es un cúmulo de habilidades estratégicas y sociales.

No obstante, a pesar de contar con toda esta información, nos surge una duda: ¿cuál es la base de una buena persuasión?

El autor Robert Cialdini parece tenerlo claro: para una persuasión óptima es necesario una pre-suasión óptima.

La pre-suasión consiste en preparar a los destinatarios para que ya estén receptivos a un mensaje antes de que este les llegue. ¿Y cómo se consigue esto?

Pues atendiendo a una serie de factores como son la elección del momento adecuado para captar la atención del público, la creación de un vínculo de confianza con la otra persona y las asociaciones mentales que los seres humanos hacemos a partir de una imagen o del lenguaje y que se pueden utilizar para conseguir los resultados que queremos.

Gracias a estos factores lo que se consigue es establecer y demostrar cierta credibilidad así como redirigir la atención del público antes de una acción relevante para que este acceda a las propuestas del comunicador.

Según el autor, la clave de persuadir no está en el mensaje que quieras transmitir, sino en preparar bien el escenario de la situación y dedicar el tiempo suficiente a preparar nuestras peticiones e ideas antes de formularlas.

Esta idea nos sirve para desmontar el mito de que solo algunas personas tienen la habilidad innata de ser influyentes y, por ende, persuasivos.

Todos somos capaces de persuadir, solo hay que aprender a poner en marcha técnicas que nos ayuden a conseguirlo.