¡Dale la vuelta al estrés!

¿Alguna vez te has sentido frustrado en el trabajo porque no te da tiempo a terminar todas las tareas que tienes encima de la mesa? ¿Te sientes agotado y eres incapaz de desconectar del trabajo? ¿Sufres dolores musculares o tienes contracturas con frecuencia? Si la respuesta a alguna de estas preguntas es afirmativa, probablemente sepamos quién es el culpable de estos síntomas: el estrés.

El estrés es una parte inevitable del trabajo, pero debemos aprender a dominarlo para que sea un motor de nuestra productividad y rendimiento. Teóricamente, el estrés es una reacción fisiológica del organismo, una especie de mecanismo de defensa para afrontar situaciones que percibimos como amenazas o desafíos. Su origen está causado por factores externos y suele apoderarse de nosotros cuando no tenemos (o creemos no tener) las capacidades, la información o el tiempo necesario para hacer frente a una situación concreta.

Siempre que hablamos de estrés lo hacemos de manera negativa, pero también existe el estrés positivo o “eustrés”. Este tipo de estrés no desborda nuestras capacidades, puesto que sentimos que lo que estamos haciendo es algo voluntario y que tiene sentido en nuestra vida. Aunque sean tareas difíciles, tenemos el convencimiento de que lo vamos a conseguir y esto nos genera una reacción positiva. El “distrés” o estrés negativo, en cambio, se produce con aquello que creemos que desborda nuestras capacidades o con tareas que no nos gusta hacer, con las que procrastinamos porque no les vemos sentido y las hacemos obligados.

Para convertir el estrés negativo en positivo, es necesario que identifiquemos primero los síntomas que nos provoca. Estos síntomas difieren de una persona a otra y pueden ser de tipo conductual (pérdida/aumento de apetito), físico (problemas digestivos) psicológicos (dificultad para concentrarse). Una vez que los hayamos identificado, podemos usarlos en nuestro beneficio para diseñar nuestro propio protocolo antiestrés.

Son muchas las herramientas que podemos utilizar para conseguir este fin, pero tenemos que encontrar las que nos funcionen. Una de las más importantes es crear rituales de desconexión. Se trata de hacer algo distinto y que no tenga nada que ver con tu actividad habitual para romper con las dinámicas estresantes. Otra cosa que se puede hacer es no llevarse un mal día a casa. Si has tenido un mal día, realiza una pequeña tarea al final del día que no te requiera mucho esfuerzo. De esta forma, habrás tachado una tarea de tu lista y te sentirás mejor contigo mismo.

Recuerda que está en tu mano gestionar de forma positiva lo que ocurre a tu alrededor y darle la vuelta al estrés.